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El crecimiento de la clase media ha impulsado la consolidación de pequeñas y medianas empresas de alimentos, que han logrado ofrecer productos diferenciados y de valor agregado. Productos orgánicos, saludables, bajos en grasa y reducidos en azúcar mandan la parada.

El sector de alimentos en Colombia vive un momento de grandes reacomodos, por cuenta de la tendencia de integración vertical y una ola de adquisiciones de pequeñas y medianas empresas por parte de jugadores de mayor tamaño. En ese sector se incluyen segmentos como producción y preparación de pescados, farináceos, aceites, grasas, procesamiento de frutas y verduras, producción de azúcar, productos de panadería y de molinería, entre otros.

El sector de alimentos representa el 2,1% del PIB y ha mostrado los mejores comportamientos de la industria en el último año, con corte a marzo. Otros productos alimenticios, así como productos de molinería y producción de azúcar muestran las cifras más optimistas en producción y ventas.

De acuerdo con el Dane, el 37.3% de las pymes están especializadas en el sector de molinería, el 17.3% en café, el 11.3% en aceites y grasas, el 10.9% en lácteos, el 8.9% en carnes y pescado, el 6.6% en panadería y pastas, el 6% en otros productos y el 1.7% en azúcar.

Gracias al crecimiento de las grandes cadenas de almacenes, especialmente en ciudades intermedias, se han consolidado los canales de distribución para los portafolios de pymes especializadas en esta línea de productos. En consecuencia, compañías locales que ya cuentan con algunas líneas de producción buscan consolidar su oferta adquiriendo a firmas más pequeñas que cuentan con alguna marca consolidada.

Ganando espacios

En línea con las tendencias de una alimentación más sana, que se promulgan desde entidades estatales, así como una estética del autocuidado en las nuevas generaciones un subsector que gana cada vez más espacios es el de Otros alimentos, en donde figuran los alimentos funcionales como harinas y leches de avena, soya, almendras y productos más exóticos como la quinua y el amaranto.

En Colombia, el concepto de alimentos funcionales apareció por primera vez hace una década y una de las primeras reglamentaciones de las que fueron objeto fue la rotulación. El Ministerio de Protección Social y la Andi definieron las condiciones que debían tener las etiquetas para resaltar las propiedades de estos productos sin engañar al consumidor.

También empiezan a conquistar terreno los alimentos con menor contenido de azúcar y bajos en grasa, por lo que no es raro encontrar ahora bebidas achocolatadas reducidas en azúcar. También compiten nuevos segmentos de bebidas en polvo o en bolsa como los tés, que han registrado todo un boom en materia de desarrollos funcionales.

Compañías colombianas también le han apostado a los snacks creados a partir de frutos secos que tienen propiedades antioxidantes y menos contenido calórico, por lo que pueden hacer parte de una dieta balanceada. Los precios accesibles y la variedad hacen que estos productos tengan una alta rotación. De acuerdo con Brand Aid Team Colombia, en las tiendas se genera el 80% de las ventas de snacks. El 20% corre por cuenta de los supermercados y grandes superficies.

Farináceos: trigo a la mesa

Los macarrones, fideos y spaguettis son algunas variedades de alimentos farináceos que, junto con los cereales, la soya y la avena, ocupan un lugar importante en la mesa de los colombianos. Según la Andi, cerca de 2.9 kilos es el consumo de pasta por un habitante al año y el consumo total de productos de trigo llega a 1.3 millones de toneladas.

Los alimentos orgánicos también se han consolidado porque están en línea con la tendencia de lo natural y saludable. Sobresalen productos como verduras, hierbas, café y azúcar en los que no se emplean químicos ni fertilizantes.

Los productores son pymes que se especializan en esta área y que emplean mano de obra familiar. Para proteger esta industria, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural expidió la Resolución 187 de 2006 que establece las características que deben cumplir los productos. Estos, así mismo, deben contar con el sello único nacional para alimento ecológico.

Oportunidades

• Apostarle a una estrategia a largo plazo que permita que el público adopte cada vez mejores hábitos alimenticios.
• Fortalecer las marcas pyme y los canales de distribución, destacando valores como la calidad y la nutrición.
• Realizar alianzas estratégicas para lograr una mayor producción y oferta constante en el segmento de orgánicos.

Riesgos

• La falta de recursos para invertir en investigación científica, vital para el desarrollo de nuevos productos.
• La llegada de productos importados a bajo precio, que no cumplan con los requisitos mínimos de calidad.
• La escasa inversión en reconversión tecnológica que impulse la productividad de las pyme.