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¡Ay, aquella gacela joven!

a quien pedí el licor,

y me dio generosa

el licor y la rosa.

Ibn Zaydun (1003-1071).

La poesía árabe y andalusí abunda en metáforas de gran belleza en las que la Gacela, la mujer, es protagonista. Frecuentemente se alude a sus ojos, tiernos, nostálgicos, profundos, de lejano mirar. A su cuerpo grácil, a su veloz andar y a la manera en la que con saltos imposibles sortea obstáculos y adversidades.

Hoy, de manera inesperada, me conmovieron profundamente las Gacelas de Misión Pyme. Me acerqué a la ceremonia de premiación de las empresas más dinámicas de la región centro con el fin de ofrecer una pequeña charla motivadora relacionada con el liderazgo sin pensar que el impacto de la reunión iba a ser tan contundente.

Me conmovió ver y escuchar los testimonios del esfuerzo, la transparencia y la innovación (la obligada y la visionaria); la apuesta por una confianza incondicional en el ser humano, nuestro ser humano colombiano y la lealtad consecuente con los principios y valores en los que se basa el desarrollo socialmente sostenible y equitativo que muchos soñamos para nuestro país, para nuestro planeta.

Hoy sentí nutrirse la esperanza y el sentido de propósito que me mueve a hacer lo que hago, a preparar un terreno teñido por los temores de la supervivencia, por las exigencias aparentemente frías y descarnadas de la productividad, de las metas estratégicas, de la precisión en los procesos.

Hoy sentí de nuevo que tiene todo el sentido invertir en la humanización. Invertir en la humanización solidaria y sensible de nuestro quehacer económico y tecnológico, en la humanización de nuestras ciudades, de nuestras fábricas y oficinas, en la transformación consciente de nuestros recursos naturales cuidando amorosamente las necesidades de esta tierra que nos alberga. Hoy se fortaleció la convicción de la necesidad de invertir decididamente en la consciencia de la interdependencia sistémica, de la integralidad humana que nos dota con alas capaces de remontarnos hacia horizontes insospechados y con raíces que se hunden en la tierra de nuestros ancestros y que con nuestro celo honramos.

Gracias Misión Pyme por reconocer el valor (tanto la valía como el coraje) y los valores de nuestras empresas, las PYMES, las más abundantes, las más sufridas, las dignas y ágiles gacelas. Gracias. Gracias Gacelas de mirar lejano, gracias.