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Montenegro Final

En los últimos meses hemos escuchado hablar de manera reiterada sobre el posconflicto, los acuerdos de paz en La Habana, los beneficios que traerá para el país en el corto, mediano y largo plazo una eventual firma que permita terminar el conflicto armado.

Sabemos que si este escenario se convierte en realidad, Colombia gozará de cambios positivos. Los recursos
económicos que se destinan a temas de seguridad se invertirán en salud, educación, infraestructura, entre otros. De una manera u otra, todos sabemos, aunque suene repetitivo, que el proceso que se está gestando traerá consigo innumerables oportunidades.

Ahora quiero invitarlos a que reflexionemos sobre nuestro papel en el posconflicto. Hace algunas semanas fui invitado como conferencista al evento de Expogestión Orinoquía 2015, que se realizó en Villavicencio. En este espacio se analizó la Orinoquía como pieza fundamental del desarrollo, la paz y la reconciliación. Uno de los puntos sobre los que recapacité fue la responsabilidad que tiene cada uno de nosotros ante un eventual acuerdo de paz.

Usted, pequeño o mediano empresario, ¿ha pensado en los compromisos que tiene, como eje fundamental de la economía del país, si el acuerdo se concreta? ¿Cuál será su aporte ante la paz? ¿Está dispuesto a ser un actor positivo en este proceso?

Nosotros, como pequeños y medianos empresarios, seremos actores clave en este proceso y debemos empezar a crear estrategias para asumir nuestro rol. Seremos eje fundamental en la creación de empleo, lo que permitirá la incorporación de todos los actores del conflicto y les ofrecerá medios para que garanticen su supervivencia y recuperación. De lo contrario, si no aportamos, ¿cómo podemos esperar una paz estable y duradera?

El proceso, así mismo, supondrá un flujo de desmovilizados y desplazados a su lugar de origen. Todos llegarán con sueños, expectativas y pretensiones de tener un presente y futuro productivo. Esto solo puede lograrse si consiguen un trabajo y si, con él, llegan los ingresos. Ayudar a la inserción de los cientos de personas que dejarán las armas, abandonarán las selvas colombianas y llegarán a las ciudades, municipios y corregimientos en calidad de ciudadanos y no como miembros de un grupo ilegal al margen de la ley supone un desafío en la creación de políticas
de Responsabilidad Social Empresarial.

Sé que la mayoría de ustedes, mientras leen estás líneas, pensarán que la inclusión laboral de un reinsertado pondrá en riesgo la imagen de la empresa o que este continuará delinquiendo. Pero si no se inicia con un proceso de reconciliación y perdón desde el entramado empresarial no podremos soñar con la paz. Información del Gobierno indica que 115 empresas en Colombia le apuestan a la reintegración. Como empresarios,
podemos ayudar a través de la generación de proyectos o iniciativas que permitan la atención especial de esa población. Nuestro aporte no debe
ser económicamente excluyente, sino partir de la construcción del tejido social y de una transformación positiva. 

Reiteró mi invitación para que reflexionemos y propongamos estrategias concretas que evidencien nuestro papel como actores 
positivos en la construcción de una paz a largo plazo.

(*) Las opiniones expresadas en el presente artículo son del autor y no reflejan necesariamente la posición oficial de la Universidad de los Andes.